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Sintesis de un informe elaborado por el Congreso Judío Mundial 

En los meses recientes, el debate sobre la prohibición de la shejitá y el halal (o sea la matanza de animales para su consumo humano según las normas religiosas del judaísmo y el islam respectivamente) cobró nuevo vigor en una cantidad de países de Europa Occidental, especialmente Suiza y el Reino Unido.

Si bien cabe reconocer que algunos de los que apoyan que este asunto sea revisado actúan motivados por una genuina compasión por los sufrimientos que pudieran ser inferidos a los animales, intenciones mucho más siniestras se enmascaran por parte de los que abogan en pro de la prohibición lisa y llana de tales prácticas. El lenguaje injurioso utilizado por algunos de los que promueven la campaña no evidencia, en forma alguna, que se trate de un asunto de mera misericordia por los animales.

La religión judía está profundamente embebida con el concepto de tzaar baalei jaim, vale decir, el concepto de que el hombre no debe infligir intencionalmente sufrimiento a ninguna criatura viviente, y está obligado a prevenir toda causa de dolor. Este principio es el fundamento de la prohibición religiosa judía de cazar animales de cualquier forma. Y cuando resulta necesario matar animales (sea para alimentarse con su carne o para vestirse con su cuero y pieles, pero jamás por entretenimiento ni deporte), las víctimas tienen que ser ultimadas de la manera más rápida e indolora que sea posible.

“Podrás sacrificar el ganado… del modo como te ordené, y lo podrás comer” señala el mandamiento bíblico contenido en el Libro del Deuteronomio (capítulo 12, versículo 21). Las reglas que gobiernan el faenamiento de animales según la ley judía (shejitá) están establecidas en muchas fuentes, incluyendo – y con considerable detalle –la codificación del Shuljan Aruj. El método ordenado por la religión judía para faenar animales kasher, es cortarles la tráquea, las venas yugulares, el esófago y las arterias carótidas, con un solo golpe, mediante un rápido corte.

Hace casi mil años el gran erudito y médico judío Maimónides estudió a fondo el tema de la matanza de animales y llegó a la conclusión de que no hay método más humano de carneo que mediante la pérdida rápida de sangre producida por una veloz incisión efectuada mediante una cuchilla afilada como navaja, manejado por un matarife calificado. Hasta la fecha ni un solo estudio científico ha comprobado concluyentemente que ningún otro método sea superior a éste, y al pasar de los años muchos expertos prominentes han validado a la shejitá como una forma humana de sacrificar animales. La investigación pionera en defensa del método de la shejitá fue efectuada por el médico Isaac Dembo (1847-1906). Su señera constatación fue demostrar que la shejitá no les causa más sufrimiento a los animales que cualquier otra técnica; ´pr el contrario, les causa menos dolor que los demás métodos utilizados corrientemente. La obra de Dembo fue continuada en años más recientes por el Dr. I. M. Levinger, notable autoridad en el aspecto veterinario de las leyes dietéticas judías. El Dr. Levinger intentó “definir la pérdida de sensibilidad y el tiempo para expirar, midiendo los reflejos en las córneas, la caída de la presión sanguínea en la carótida y la arteria vertebral, y la frecuencia cardiaca y respiratoria, utilizando los mejores instrumentos disponibles. Las investigaciones más recientes han comprobado que si se utiliza toda la metodología establecida para la shejitá (con la res erguida sobre sus patas y su testa apoyada en un sostén diseñado según las reglas) y con la manipulación prescripta, la vaca aparentemente no se percata de que le han cortado el cuello y colapsa entre 10 a 15 segundos. A pesar de lo antedicho, no faltan los que motivados por una genuina preocupación humanitaria hacia los animales, o por motivos realmente siniestros, han puesto en duda la compasión de este método de faenamiento.

La campaña en contra de la shejitá no es nueva. En 1933, Adolf Hitler decretó la prohibición de su práctica, con lo que por una parte privó a los judíos de Alemania de consumir carne kasher y por la otra dejó sin medios de ganarse la vida a todos los que participaban en la industria dedicada a la kashrut. Una ley similar ya había sido dictada en Baviera en 1930. Significativamente, la infame película cinematográfica “documental” nazi “Der erwige Jude” (“El Judío Eterno”) trató de excitar odio contra los judíos montando una grosera escena que distorsionó adrede la manera con que los judíos sacrifican a los animales según las normas de su religión, mostrándola como una práctica bárbara en la que los judíos se regocijan con el sufrimiento de las reses.

Pero los ataques contra la shejitá preceden la época nazi. La ley de Suiza que prohibió la shejitá fue promulgada en 1893, cuando esta práctica fue puesta fuera de la legalidad mediante un plebiscito. Suecia la prohibió en 1937 y la Italia fascista en 1938 . A finales de la década de 1930 hubieron intentos de restringir la shejitá en Polonia. Por lo general, los judíos habitantes en países donde la shejitá ha sido puesta fuera de la ley (también Noruega está entre ellos) han podido eludir sus efectos más drásticos importando carne kasher desde el exterior.

Ultimamente se han producido movimientos atizados por una asociación protectora de animales en Suiza, incluso para prohibir la importación de carne kasher, lo cual va a obligar a los judíos observantes de la kashrut, a abstenerse del consumo de carne. También los musulmanes van a quedar afectados por tal medida. Su método halal de matanza de animales tiene cierta semejanza con las de la shejitá y en lugares en que los musulmanes no pueden obtener carne halal, se contentan con consumir productos kasher.

En los últimos meses se ha registrado un reavivamiento del hasta ahora aletargado debate en Gran Bretaña sobre si los animales tiene que ser aturdidos antes que matados. Las leyes religiosas judías prohíben el atontamiento de los animales antes de proceder a su matanza. El gobierno británico promovió un estudio de cuatro años de duración auspiciado por el Consejo para el Bienestar de los Animales de Crianza (Farm Animal Welfare Council), que es una institución que supervisa el trato humanitario a los animales, en representación del gobierno británico. Las conclusiones de este estudio propenden inequívocamente a la prohibición total de la shejitá y del halal. Los medios han dedicado una considerable atención a este debate, y la mayoría de ellos difundieron descripciones distorsionadas de los métodos de faenamiento utilizados tanto por la shejitá como por el halal. Mucha de esta atención enfoca de manera no simpática e inclusive hostil, las opiniones judía e islámica al respecto.

El Departamento británico para Medio Ambiente, Alimentos y Asuntos Rurales ha asegurado a los representantes judíos y musulmanes, que no va a proponer recomendaciones sin antes revisar cuidadosamente sus conclusiones. Pero esto difícilmente resulta tranquilizador, si se tiene en cuenta la atmósfera actualmente imperante en el Reino Unido, caracterizada por la renovada “respetabilidad” que ha recobrado el antisemitismo en ciertos ámbitos.

Por cierto que la malevolencia de la campaña que han montado los que quieren proscribir la práctica de la shejitá, suscita suspicacias sobre qué es lo que realmente la motiva, El Farm Animal Welfare Council ya había promovido la prohibición de la shejitá y del halal veinte años atrás, pero en aquel momento su intentona fue derrotada. Incluso en aquella época, la comunidad judía no pudo dejar de notar la agraviante corriente subterránea de antisemitismo que caracterizaba a algunos de los que se esforzaban en lograr la prohibición de la mencionada práctica religiosa. En una caricatura obscena de ese período – imposible de olvidar – se ve a unas cuantas reses fuera de un establecimiento que ostenta un cartel que anuncia “carne kasher” y una de las vacas reflexiona: “Por lo que entiendo, allá nos van a dar una ducha” (como los nazis querían embaucar a los judíos cuando los introducían a las cámaras de gas). No es sorprendente, pues, que una murga de grupos extremistas tanto de la izquierda como de la derecha, se hayan acoplado a esta causa en el transcurso del debate público que se desarrolla al respecto.

La ofensiva que se viene librando contra los derechos de los judíos y también de los musulmanes, ha desembocado en la práctica en un reacercamiento entre ambas comunidades, las que estaban cada vez más alejadas entre sí por causa del derrumbe del proceso de paz en el Medio Oriente y el estallido de la segunda intifada.

En Holanda, una intentona pudo ser desactivada. Laurens Jan Brinkhorst, ministro holandés de Agricultura, promulgó disposiciones que permiten a la comunidad judía continuar con su práctica de shejitá.

La idea de que la matanza de animales es un “ritual” religioso, hace fácil la sugerencia de que se trata de una costumbre arcaica, cruel y por cierto salvaje que, sin duda alguna, debería ser descartada de la sociedad moderna. Los opositores a la shejitá y al halal han pintado con una connotación siniestra a las dos formas de faenamiento prescripto por la religión. Si se tiene en cuenta el bajo nivel de observancia religiosa generalizado en Europa Occidental, allí hay poca tolerancia para los que sí se atienen al cumplimiento de sus propias y distintas leyes religiosas, especialmente cuando esta actitud es descripta tan negativamente. Causa tristeza el hecho de que no faltan judíos (muchos de ellos desvinculados de la comunidad judía) que han voceado su apoyo a la campaña anti-shejitá, con lo que han fortificado la actitud de los que buscan su prohibición.

Se trata de un debate con consecuencias que van mucho más allá de la alimentación atinente a las normas religiosas

Públicado originalmente en delacole.com

Sintesis de un informe elaborado por el Congreso Judío Mundial 

Traducción del inglés: Pedro J. Olschansky.

 

 

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